Möet

Maison Moët & Chandon

Fundado en 1743

Desde hace más de 250 años, Moët & Chandon ha estado presente en ocasiones especiales, ha compartido momentos inolvidables y ha hecho las delicias de los amantes del buen vino en todo el mundo.

Habiliad y dedicación

La historia de Moët & Chandon se remonta a las tradiciones de la misma familia que lleva más de 250 años forjando la excelente reputación del líder en champagne a nivel mundial.

Durante más de dos siglos y medio, la trayectoria de Moët & Chandon ha estado íntimamente ligada a la historia de la región de Champagne y a varios nombres ilustres que han establecido el renombre internacional de la empresa gracias a su genio creador y su gran habilidad para la vinicultura y el marketing. Todo empezó con Claude Moët, nacido en 1683.

Heredero de una antigua familia de la región de Champagne que fue elevada a la nobleza por Carlos Vil en 1446, Claude Moët fundó la Maison Moët en Épernay en 1743. Su hijo Claude-Louis-Nicolas (1719-1792) le sucedió y estableció firmemente la reputación de la empresa.

 

Möet cava

Jean-Rémy Moët (1758-1841), nieto del fundador, viajó por todo el mundo, abrió los primeros mercados en Europa y encabezó la expansión comercial de la empresa familiar. Cuando las cavas de Épernay fueron saqueadas por los soldados cosacos y prusos en 1814, demostró ser un auténtico visionario al afirmar: "Los oficiales que ahora son mi ruina acabarán haciéndome rico. Los que hoy se beben mi vino serán mis representantes y cantarán las alabanzas de mi empresa cuando vuelvan a casa".

En 1832, Jean-Rémy entregó las riendas del negocio a su hijo, Victor Moët, y a su yerno, Pierre-Gabriel Chandon. Chandon inició la reconstrucción de la antigua abadía benedictina de Hautvillers, cerca de Épernay, donde había vivido y trabajado el famoso monje y bodeguero Dom Pierre Pérignon.

El nombre de la empresa se cambió a Moët & Chandon, con lo que se sellaba una alianza que habría de lograr no pocos éxitos en todo el mundo.

Robert-Jean de Vogué (1896-1976) perpetuó el espíritu vanguardista de sus predecesores, situando la empresa firmemente en el siglo XX. Con coraje, tenacidad y humanidad, imprimió a Moët & Chandon un carácter moderno, estableciendo redes de venta en todo el mundo y compartiendo con sus empleados los valores que constituyen los pilares de la empresa: respetar la tierra de Champagne, ser generoso y estar abierto al mundo.

 

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Una extraordinaria reputación

El champagne debe su sello real a las cenas de gala que organizaba Luis XV. Entre los amantes del champagne de Monsieur Moët se contaba la marquesa de Pompadour, favorita del rey, quien en una ocasión pidió 200 botellas para hacer aún más agradable la estancia de la Corte en Compiegne. El siglo XVIII fue testigo de un armónico equilibrio entre las mentes preclaras y los placeres de los sentidos. La Maison Moët reflejó perfectamente esta armonía.

Napoleón mantuvo una relación especial con la Maison Moët. A partir de 1799, año en que la empresa empezó a enviarle champagne, nunca dejó de visitar a Jean-Rémy siempre que pasaba por la región. El Brut Imperial de Moët & Chandon se creó como un homenaje a esta amistad.

Hoy en día, Moët & Chandon sigue siendo el proveedor oficial de las casas reales europeas y está presente en una multitud de acontecimientos históricos, como ceremonias de coronación, bodas suntuosas y conmemoraciones de estado. Talleyrand describió de manera magistral el carácter ilustre de este mundo, al llamar al champagne "un vino civilizador por excelencia".

 

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El espíritu de Móet y Chandon

El champagne Moët & Chandon despierta una sensación especial entre sus admiradores: la certeza de que degustarán un vino a la altura de la ocasión. Durante más de 250 años, este efecto civilizador ha demostrado de forma brillante que Moët & Chandon es un maestro en transformar un descubrimiento en un hechizo, una celebración en un convencimiento.

Claude y Jean-Rémy Moët, los fundadores de Moët & Chandon, transmitieron este espíritu único a muchos países, más allá de las fronteras de su nación. Como embajadores de Francia a su manera, avivaron en todo el mundo la llama de la pasión por los momentos de magia pura que inspira el champagne.